Mi gobierno democrático

De la definición de la RAE:

democracia.

(Del gr. δημοκρατία).

1. f. Doctrina política favorable a la intervención del pueblo en el gobierno.

2. f. Predominio del pueblo en el gobierno político de un Estado.

No estaría mal, alguna vez, dar razón al simbolismo del hecho de que el Gobierno de China haya censurado la palabra democracia en los mensajes de teléfonos móviles. Si lo calculamos, entraríamos en una cuestión ética muy necesaria, ¿existe tal cosa llamada democracia? Y, si no existe, ¿por qué se sigue hablando de ella?

Aunque el Gobierno de China posiblemente haya hecho esta prohibición temiendo algún tipo de “revolución”, como tantas otras prohibiciones y limitaciones –como el caso Google– hechas por miedo a la difusión de información, es muy difícil pensar que lo haya hecho por comprender el significado teórico del término. Es deseable que el pueblo pueda intervenir en las decisiones generales, y a la vez, es tremendamente difícil para el poder aceptar que esto suceda, de modo que no sucede. Democracia es un concepto que ha caído en manos de la mera retórica política, y como palabra vacía sostiene discursos mudos, fáciles, y que buscan la inmediata conmoción y convencimiento. No es el significado teórico de democracia que teme el Gobierno chino, sino esta magia retórica capaz de unir una multitud en lo que ellos consideran “desorden”.

Una solución posible seria dejar de utilizar el término, y pasar a una reflexión muy concienzuda de las correspondencias de este “error” teórico y la realidad de los hechos. En este sentido podemos hablar de la retórica católica y de la retórica nazi, como puntos de inflexión. La retórica católica penalizó al ser humano por el mero hecho de existir. Ha creado una relación con un concepto divino totalmente apartada del espacio y tiempo de la existencia del sujeto. Esta relación unilateral –muy parecida a la manera que vemos los gobiernos “democraticos”– de adoración de meras imágenes, ha sido la inspiración para la calculada retórica en el régimen nazi. El intento de elevar “el pueblo ário” a una condición “superior” ha caído en la paradoja de la comparación: ¿se compara porque son diferentes o se compara porque son iguales? ¡Porque son iguales, son diferentes! Se ha anulado el pueblo en función de la adoración de una ideología. Hoy esta ideología, de manera fragmentada y fútil nos gobierna. Y sobre todo nos negliegencia información.

En resumidas cuentas, no se debe hablar de ya “democracia”, mientras hayan sistemas que apoyen y derroquen dictaduras y se autodenominen “democráticos”, como es el caso de Estados Unidos, Israel, y Europa. Mientras haya una “élite” que trate de hacer que el resto del mundo se congestione por su intento de imponer “Nuevo orden mundial” –siendo que este se puede hacer espontáneamente sin el control americano, como cualquier sistema cerrado, y el planeta es un sistema cerrado que abarca muchos más conceptos que el interesado orden americano–, no se puede hablar de democracia porque este no es mi gobierno. En mi gobierno no existiría una OTAN bombardeando a civiles porque les viene bien a su maquinária de consumo bélico, bien como a las deudas de la reconstrucción del patrimonio cultural.

Es importantísimo señalar la primera persona del discurso como una condición de posibilidad. Es una cuestión sutil y que muchos no tendrán en cuenta, pero son los modos de hablar que condicionan toda una serie de decisiones y de determinaciones de la realidad, que hacemos a lo largo de la vida. Decir mi gobierno, es decir nuestro gobierno y no sólo “su” gobierno. Si hoy contamos con medios para hacer una revolución en un día, también contamos con medios para hacer valer una verdadera democracia, para hacer que el pueblo tenga voz y decida sobre su destino y que no le haga falta un partido e/o institución que haga por él este papel. Los sujeto podemos tener más participación en las decisiones, y el caso es buscar estas reformulaciones en nuestro gobierno. Exigir de los gobernantes más respeto al pueblo y, además, total transparencia.

Si esto se encara como una “utopía”, entonces hay que considerar que se sigue viviendo la realidad típicamente medieval de relación unilateral y proyectada de imagen de poder. De lo contrario, se debe y se puede articular un diálogo social en donde todos tengamos voz y seamos considerados.

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