El Atlas de las Nubes (2012): cuestiones filosóficas

No basta con decir que El Atlas de las Nubes es una película muy recomendable. Hay más. Pero mi intención aquí no es la hacer una sinopsis, sino señalar tan sólo algunas de las innumerables referencias filosóficas tejen la red de seis historias paralelas que se influencian mutuamente a través del tiempo en esta increíble obra. Desde el principio la película advierte al espectador que la locura que va a ver a continuación tiene una lógica, un mensaje implícito que deberá captar, alrededor de la libertad, las creencias, la verdad, el sujeto, las acciones y sus consecuencias a lo largo del tiempo.

Una de las primeras ideas que saltan es la del “orden natural” que fundamenta la moral y se despliega como no, de la cosmología creacionista. La cuestión era patente ya el siglo XVII, cuando la duda sobre la formulación de los esquemas científicos pasaba por decidir cómo sus leyes se definirían a partir de la idea del universo creado por Dios, ya que éstas deberían ser permanentes y sagradas aunque no todo fuera incorruptible en el cosmos (como diversos descubrimientos de Galileo demostraron paradigmáticamente). Ejemplos de estas concepciones son las de Newton, Descartes o Leibniz, que de distintas maneras trataron de conciliar ciencia y religión. En lo que se refiere a la moral, el “orden natural” justificaría el prejuicio social del siglo XIX, que como vemos en la historia “El Diario del Pacífico de Adam Ewing”, resulta en la normalización de esclavitud, con la idea de fondo de la evolución unilineal que trazaba el progreso humano desde el salvajismo a la barbarie y la civilización.

Y la esclavitud es un punto clave de la obra. Otra de las referencias claras es al concepto de eterno retorno de Nietzsche, que da nombre una de las piezas en la que trabaja el compositor interpretado por Ben Whishaw en “Cartas desde Zedelghem”, y que pone en cuestión los esquemas del “orden natural”. En un relato profundamente cristiano, en lo que se refiere a las consecuencias del cristianismo y el papel del ídolo, la influencia de Nietzsche -que además ha sido compositor- es más que reveladora y no sólo en un nivel estructural, donde la música acaba siendo el hilo conductor y punto de gravedad del relato, pero también en lo que se refiere a la libertad. El eterno retorno de Nietzsche no es, como se suele pensar, una teoría, sino más bien una doctrina. Nietzsche estaba convencido que a través de la transvaloración de todos los valores -la superación de las convenciones- se llegaría a lo que él ha llamado el superhombre. Vemos claramente en la obra la figura de la moral de esclavos, impuesta, del deber -el camello, que todo lo carga consigo, de Así habló Zaratustra– aunque no enfocada en la resignación sino en la rebelión y su trascendencia.

Queda claro como todos estos problemas confluyen en el orden político, y la lucha por el poder y su resistencia a las injusticias bajo el amparo de la Filosofía buscan romper viejas formas. Así, tenemos la figura de un filósofo prohibido, Aleksandr Solzhenitsyn, cuyas obras han provocado un gran debate sobre la libertad y el estalinismo, y que anima a un discurso ontológico cargado de de concepciones bien conocidas, como por ejemplo la idea de ser en Berkeley, “ser es ser percibido”, que será entonado por la “fabricante” -seres humanos fabricados para servir- y posteriormente convertida en diosa, Somni (“Una oración de Somni-451”). Cuestiones como el feminismo, la homosexualidad y la ingeniería genética entran en juego tanto como la administración energética del planeta o los intereses de las grandes industrias, de tanta actualidad en temas de bioética, y se enfrentan a un futuro de desenfreno en un escenario futurista y distópico.

Cada historia, perfectamente enlazada a la otra, muestra la influencia de diferentes teorías como la teoría del caos -y la mariposa de Lorenz-, los mundos posibles, la relatividad, el principio de incertidumbre, y de autores como Aldous Huxley, George Orwell, o las ideas de Carlos Castaneda, del que se hace referencia explícita. Por lo demás -y hay mucho más-, El atlas de las nubes tiene todo para convertirse en película de culto. Muy bien engendrada, la excelente adaptación de la novela de David Mitchell cuenta con un reparto de lujo, y seguramente desearás verla más de una vez.

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