“The Private Eye” y el debate de la privacidad

Ha salido hoy el segundo número de The Private Eye, un cómic futurista, situado en Los Ángeles en 2076 y al puro estilo noir. Nos llama la atención no sólo por su manera de distribuirse y promocionarse -que también- pero por poner en cuestión una temática de lo más actual: nuestra relación con la tecnología, los medios de comunicación y nuestra manera de exponer nuestra información en la red. Nos lanza la pregunta: ¿somos conscientes de todo eso?

En este Los Ángeles distópico ya no existe internet, se vive un momento en donde la burbuja de la nube de datos ha estallado y toda información allí confiada hoy puede jugar una mala pasada a los individuos. Para saber algo íntimo sobre alguién se contratan paparazzi, y es ahí donde entra el protagonista Patrick Immelnnan, una especie de detective ilegal encargado de investigar el pasado de una joven. La prensa, que se presenta como el cuarto poder, son los verdaderos “investigadores”. Las personas usan máscaras, llamadas “ónimos”. Todo el mundo tiene algo que ocultar. Pero mientras tanto, hay abuelos inconformados porque ya no pueden encender sus iPhones.

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Pensar en la situación diametralmente opuesta a la que vivimos hoy no deja de ser una excusa para una reflexión más amplia. ¿Sabemos realmente hacia donde va la información que repartimos por la red? ¿Confiamos en los dueños de las empresas de las que utilizamos gratuitamente sus servicios? Y, ¿podemos participar en sus políticas de propiedad intelectual y privacidad?

A mayores, en algunos casos sí. Recordemos el escándalo de Instagram hace muy poco tiempo, cuando actualizó sus políticas uso y trás una mala repercusión y el cierre de grandes cuentas, tuvo que readaptarlas para que quedara claro que los dueños de las imágenes son los usuarios[1]. O cuando Facebook retiró, irónicamente a través de una votación, la posibilidad de que los usuarios realizaran votaciones y participaran en las políticas de la empresa[2 y 3]. Pero nada es más relevante que la ley de Acto Patriótico (Patriotic Act) creada en el Gobierno G. W. Bush, donde las empresas deben ceder información personal al gobierno norteamericano siempre que este lo requiera. Las cuestiones sobre privacidad son cada vez más frecuentes en nuestro cotidiano.

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Y el abuelo inconformado, de brazos tatuados, resuena algo como: “¡Pero mi vida es un libro abierto! ¡Todos lo veíamos así!”. The Private Eye llama al debate de una manera muy curiosa, dibujando una sociedad consciente y paranoica con la privacidad. A la vez, nos invita a pensar en cuáles son nuestros derechos en el entorno digital, quién se encarga de ello y cómo podemos cada uno de nosotros participar de este debate, más que tratar estas cuestiones como definitivas y ya decididas por parte de las empresas.

El proyecto, de muchísima calidad, cuenta con el guión de Brian K. Vaughan, arte de Marcos Martín y color de Munsta Vicent. Se distribuye a través de su página web, en Inglés, Español, Catalán y Portugués, al precio que uno crea conveniente pagar. Vale la pena.

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Enlaces de Referencias:

[1] CANO JIMÉNEZ, R. ‘Exodo en Instragram’ en El País, 16/01/13. [Link]

[2] SALCES, L. ‘Facebook llama a votar sus 1.000 millones de usuarios’, en Cinco Dias, 04/12/12. [Link]

[3] MARTÍN, J. ‘99% de abstención en Facebook’ en El País, 08/12/12. [Link]

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