Ricardo Cases: “Hay un tablero de juego, la costa mediterránea, y la práctica consiste en dejarme llevar”

María von Touceda Por María von Touceda
10 Min lectura
El fotógrafo alicantino nos habla de su carrera y sobre sus series recientes en el Levante

Ricardo Cases (Orihuela, Alicante, 1971) es un fotógrafo español que comenzó su carrera como periodista, pero descubrió en la fotografía el vehículo más preciso para expresarse. Sus series más recientes, muestran un Levante lleno de matices deliciosos bañados por la luz del sol.

Su obra habla de toda una sociedad a través de la exhaustiva mirada de un hombre que ha sabido enfocar todo lo aprendido en las imágenes que se encuentra al caminar. Quizá Cases sea un Homero contemporáneo que, con la ayuda de su cámara, cuenta una nueva Odisea desde su querido Levante.

La fotografía de Ricardo Cases traspasa los límites del fotoperiodismo para elevarse a la categoría de arte, desarrollando su trabajo con una mirada estética a la vez que antropológica.

Cases ha publicado en prestigiosos medios nacionales e internacionales y también ha realizado exitosos libros de autor donde da rienda suelta al discurso de sus fotografías. Ha sido ganador del Premio de Cultura de la Comunidad de Madrid en 2017 y también ha expuesto su trabajo en ciudades como Nueva York, París, Génova, entre otras.

 

 

Ricardo Cases, Estudio Elemental del Levante, 2018

 

 

P. Te has formado como periodista, pero has acabado primero como fotoperiodista y ahora como fotógrafo. ¿Crees que una mirada, en este caso la tuya, puede contar más que un artículo?

R. Para mí hay una diferencia importante entre ambas fotografías. Trabajo con estas dos posibilidades y disfruto mucho de ambas. Me refiero a que cuando llego a mi propio medio no tengo esa responsabilidad de informar a la sociedad sobre hechos. Solo me centro (o me disperso) en asuntos que muchas veces no coinciden con el interés de los medios.

 

 

Ricardo Cases, Sol, 2017

 

 

P. Toda la poética que proyectas en tus series sobre el Levante, ¿también añade crítica social?

R. Si el mensaje contiene o no una crítica depende de momentos personales, de estados de ánimo, influenciados muchas veces por el contexto pero otras veces por las circunstancias personales. Mi trabajo pasa siempre por el filtro de la experiencia, de salir con la cámara a ver qué pasa pero también a ver qué me pasa y estos libros acaban siendo una síntesis de estas dos cuestiones.

 

 

Ricardo Cases, El porqué de las naranjas, 2014

 

 

P. En directo es bastante complicado distinguir algunas de tus fotografías en pequeño formato de acuarelas. ¿Cuánto de pictorialismo pretendes plasmar en tu trabajo?

R. Soy un apasionado de esta herramienta que es la fotografía y trato de jugar continuamente con sus virtudes que, bajo mi punto de vista son sus limitaciones. En este trabajo al que te refieres, El porqué de las naranjas, uso un tamaño al límite porque me permite jugar de una manera más práctica con una imagen más simbólica. Propongo al espectador prestar más atención en la lectura de la imagen y al comprimirse más la imagen considero que facilita esta capacidad de sugerir ideas.

 

 

Ricardo Cases, El porqué de las naranjas, 2014

 

 

P. En 2006 entraste a formar parte del ya desaparecido Blank Paper. ¿Qué os unía como colectivo de fotógrafos?

R. Todo lo que he publicado tiene mucho que ver con esta etapa de mi vida. Fue un gran estímulo, la fórmula que necesitaba para llegar a hacer las cosas que hago. Es decir, que yo soy una persona con muchas limitaciones y en el grupo, en los amigos siempre encuentro la manera de avanzar. De hecho, ahora mantengo esta manera de trabajar aunque no tenga un nombre definido, sigo formando parte de un colectivo imaginario con 6 o 7 colegas.

 

 

Ricardo Cases, El porqué de las naranjas, 2014

 

 

P. ¿Fotografía analógica o digital?

R. Desde que comencé a trabajar con una cámara digital todo comenzó a fluir con más facilidad. Soy una persona despistada y las limitaciones de la película no me favorecen. Necesito olvidarme de ciertas cuestiones cuando trabajo, dejarme llevar por esa experiencia que te contaba, olvidarme de la cámara.

 

 

Ricardo Cases, Paloma al aire, 2011

 

 

P. El humor que destilan muchas de tus fotografías forma parte de tu éxito. ¿No crees que tener un trabajo serio pasa porque este sea divertido?

R. Creo que esta seriedad responde al carácter de cada cual, que el tono lo marca la personalidad y las circunstancias de cada uno.

 

 

Ricardo Cases, El porqué de las naranjas, 2014

 

P. ¿Cuál ha sido el lugar más extraño donde has sacado la cámara para hacer una fotografía?

R. El dominical del Süddeutsche Zeitung, el SZ Magazin, me encargó hace unos años hacer un reportaje de un crucero nudista por el Caribe. ¡Estaba rodeado! ¡No había manera de escapar! Intenté integrarme y trabajar desnudo pero no me funcionaba ya lo de “mira al pajarico”, ¡como fotógrafo estaba vendido!

 

 

Ricardo Cases, La caza del lobo congelado, 2009

 

P. ¿Sigues alguna rutina para trabajar?

R. Mi rutina tiene mucho que ver con la expresión popular “como pollo sin cabeza”. Hay un tablero de juego, toda la costa mediterránea, y la práctica habitual consiste en dejarme llevar, en vagabundear por estos lugares que supuestamente conozco y que me permiten llevar la fotografía a cuestiones personales, a respuestas que tienen que ver más con las emociones que con una investigación seria o periodística sobre el lugar donde vivo.

 

 

Ricardo Cases, Sol, 2017

 

P. ¿Cuáles dirías que son tus referentes?

R. Para mi Rafael Chirbes ha sido un gran estímulo estos años, pero no sabría por dónde continuar. Quizás por todos los amigos, por Javier Izquierdo, un gran amigo sociólogo, que falleció, con el que estuve disfrutando de la vida intensamente durante años. Él potenció y abrió mi manera de ver las cosas considerablemente. He tenido la suerte de estar rodeado de amigos que me han ido aportando muchas capas en todo lo que hago.

Hay un libro de Javier, que siempre está en mi mesita de noche y regreso a él continuamente, como si fuera un libro sin fin, como un tesoro. Se titula Marcianos, Melanesios, Millonarios, Mochileros y Murcianos. Quizás lo más brillante y estimulante que haya leído nunca.

 

 

Ricardo Cases, El porqué de las naranjas, 2014

 

 

P. ¿Cuál crees que es la mejor estrategia para combatir el machismo en el mundo de la fotografía?

R. Pues valorando los trabajos de las fotógrafas como se valora a los trabajos de los fotógrafos, es decir, por su calidad y no por el género de la autoría.

 

 

Ricardo Cases, El porqué de las naranjas, 2014

 

 

P. ¿Cómo valoras tu relación con el mercado del arte?

R. Creo que la mejor respuesta a esta pregunta la debería dar Ángeles Baños, la galerista con la que llevo trabajando desde el 2009. Se trata de un mundo en el que me asomo lo justo y necesario. Tengo la suerte de contar con esta luchadora incansable, alguien que hace una labor de riesgo, que se pasa la vida apostando y moviéndose con pura intuición y cariño por los trabajos que representa. Y todo esto desde Badajoz. No entiendo a veces como no se valora más su trabajo.

 

 

Ricardo Cases, El porqué de las naranjas, 2014

 

 

P. ¿Qué proyectos te traes ahora entre manos?

R. Estoy en el tramo final de mi próximo libro Estudio elemental del Levante que publicaré en 2020 con la Editorial Dalpine. Y, paralelamente, tengo entre manos muchos entretenimientos.

 

 

Puedes ver otras obras de Ricardo Cases en su página web y en su perfil de Instagram.

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Crítica de arte contemporáneo y escritora. Es autora de las novelas 'Crítica del vicio' (2016) y 'Coito Ergo Sum' (2019), ambas publicadas por La Marca Negra Ediciones.