Juana García-Pozuelo: «El misterio y la incertidumbre son fuerzas creadoras muy potentes»

María von Touceda Por María von Touceda
24 Min lectura
La pintora nos habla de su imaginario, sus influencias y su proceso creativo

Hay miradas que nos ponen en consonancia con mundos mejores que el hasta ahora conocido, como es el caso de la de Juana García-Pozuelo (Logroño, 1978).

La artista tiene una visión global del arte que le ha permitido conseguir un estilo personal que destaca por su excelsa belleza y buen hacer. Sus pinturas suscitan preguntas en el espectador que se ve envuelto en un halo de misterio que es donde verdaderamente ocurre esa magia del arte: la experiencia personal de cada uno.

García-Pozuelo plasma en cada uno de sus trabajos el preciocismo que otorga conocer los detalles a través de un bagaje personal lleno de las distintas visiones geográficas en las que se ha formado. Ella forja su imaginario a través pinceladas de factura elegante, cuyo horizonte a traviesa no solo lo geográfico sino también los paisajes emocionales que siempre revelan sorpresas.

La artista riojana establecida en Bilbao desde 1996 está licenciada en Bellas Artes por la Universidad del País Vasco y tiene un Máster de Creación e Investigación del Arte por la misma Universidad. Ha completado sus estudios en la a School of Visual Arts de Nueva York y en la Summer School of Fine Arts en Salzburgo.

Juana García-Pozuelo también ha sido galardonada con varios premios y becas. Destacan la beca por la Diputación de Vizcaya en 2012, residencia en dos ocasiones en la Fundación Bilbaoarte y en el Snug Harbor Cultural Center de Staten Island en Nueva York.

Ha expuesto de manera individual y colectiva por el territorio nacional tanto en el País Vasco, como en la Rioja, Galicia y otros puntos de la geografía española.

 

 

Juana García-Pozuelo, Il y a un jardin, 2017. Cortesía de la artista

 

 

P. ¿Cuánta relevancia tiene la naturaleza en tu trabajo?

R. Depende de a que te refieras con «naturaleza». Es una palabra con un significado enorme, se me enreda la cabeza simplemente de verla escrita. Supongo que te refieres al uso que hago de elementos vegetales y animales en mis pinturas. La verdad es que todos esos registros los he obtenido de lugares tienen poco de natural. La mayor parte de las imágenes de las que parto a la hora de hacer los cuadros, provienen de entornos artificiales que tienen una intención de representación de naturaleza virgen, sobre todo dioramas y animales disecados de diferentes museos de ciencias. También de ilustraciones de vegetación extinta, invernaderos o representaciones de animales que no he visto en vivo jamás. Supongo que me ciño a la fantasía de naturaleza a la que tenemos acceso a través de la ficción de corte pseudo-científico. Me encantan los libros de taxonomía con ilustraciones de animales y plantas, tipo la enciclopedia Larousse 1910.

La última vez que vi un animal vivo salvaje (un conejo bastante grande) fue paseando por una zona boscosa cerca de una playa. No pude hacer una foto porque, cosa rara, no llevaba el móvil encima y me dio mucha rabia, porque hubiese sido un buen motivo para un cuadro. Es cada vez más raro tener encuentros con animales en su entorno natural. Recuerdo que cuando era pequeña todavía había luciérnagas y era una ilusión pasear por el campo en verano, al atardecer y encontrar alguna. Mi madre nos contaba que ella de pequeña se las ponía en el pelo, cosa que a mí me parecía el colmo de la sofisticación y también me daba un poco de repelús, para qué negarlo. Hace siglos que no veo luciérnagas en el campo.

 

 

Juana García-Pozuelo, Love token AA, 2017. Cortesía de la artista

 

 

P. En algunas de tus obras enmarcas miradas. ¿Qué importancia tienen estos ojos para que sean objeto de tu pintura?

R. Esos cuadros son unas piezas de pequeño formato que representan unos broches o anillos que estaban de moda en el siglo XIX, en los que se incluía un esmalte o miniatura con el ojo de la persona amada, los lovers eyes. Son unos objetos entrañables (aunque hay gente que piensa que son un poco siniestros) que suelen ser coleccionados por oftalmólogos y de los que hay una buena representación en el Museo de Arte de Philadelphia. En los cuadros he incluido los ojos de personas cercanas que son especiales para mí y de los que me gusta tener presente un recuerdo. Intenté pintar las gemas de las que están rodeados (perlas, coral, rubís) lo más fielmente posible y hay un par de ellos que me quedaron verdaderamente resultones, hasta el punto de que en alguna ocasión he enseñado la fotografía a alguien y ha pensado que el broche era real y solo el ojo estaba pintado. ¡Ojalá! Imagínate lo que podría pagar con esas perlas…

 

 

Juana García-Pozuelo, Love Token T, 2017. Cortesía de la artista

 

 

P. ¿Qué pretendes cuando ocultas los rostros de tus modelos?

R. Nada en especial, generalmente cuando hago retratos de otras personas hago una imagen lo más fiel que puedo de sus facciones, pero cuando hago un autorretrato me cuesta poner mi cara. Prefiero pensar no que estoy ocultando algo, sino desvelando otro tipo de información más compleja y reservada, de la que no puedo dar muchas explicaciones porque ni siquiera tengo muy claro su significado y no creo querer saberlo. Me gusta el misterio de las cosas, y pienso que muchas veces la manía de racionalizar todo y dar una explicación a ciertas imágenes no hace sino empobrecer y aportar mediocridad a cosas, que mientras están envueltas de un halo de secreto, son mucho más interesantes.

Por otra parte y contraviniendo lo anterior (forma parte de la contradicción y volubilidad mental en la que me muevo), me gusta mucho el trabajo de ciertos artistas que utilizan el análisis y clasificación de aspectos de la historia o de ciertas colecciones de objetos, y que articulan a través de esa investigación una obra artística congruente, poniendo en relieve la existencia de incógnitas en las que nadie se había fijado hasta ese momento. La contemplación de un cuadro no tiene por qué transformarse en una investigación científica en la que haya que verbalizar todo, pero el misterio y la incertidumbre son fuerzas creadoras muy potentes. Ahí están, intentando dar explicación a la sonrisa de la Gioconda desde hace años, produciendo toneladas de literatura, sin llegar a una conclusión satisfactoria, porque en realidad no hay ninguna. ¿No es maravilloso?

 

 

Juana García-Pozuelo, Woodpecker, 2015. Cortesía de la artista

 

 

P. Los edificios también son un objeto recurrente en tus obras. ¿Qué te llama la atención de estas arquitecturas?

R. Hace unos años tuve la oportunidad de pasar unos meses en el Snug Harbor Cultural Center de Staten Island, en Nueva York. Cuando llegué, a pesar de que me había informado profusamente del sitio en el que iba a residir, no sabía que iba a encontrar exactamente. La llegada fue alucinante. Me hallé inmersa en un descomunal parque repleto de edificios neoclásicos, con un diseño de espacios interiores apenas modificado desde su construcción. Allí me cedieron una de las cuatro casas victorianas que se construyeron para alojar al personal del parque. Fueron unos meses muy solitarios. Disfruté mucho, porque no me importa pasar tiempo metida en mi mundo, pero en algunos momentos me preguntaba qué puñetas hacía yo allí. Muchos días, en vez de ir a Manhattan después de estar pintando por la mañana, me dedicaba a pasear por las calles de la isla, haciendo fotos de todas las casas que me parecían interesantes, que eran muchas. En ese momento tomaba las imágenes sin ninguna intención de plantearlas más adelante como cuadros, solo tenían un objetivo meramente documental del viaje.

Los paseos, al principio, tenían la peculiaridad de producir la misma sensación que tiene alguien al que han invitado a pasear por el escenario de un teatro. Cada rincón sorprendía por la similitud con la estética de las películas americanas a la que todos estamos acostumbrados a través de años de eficaz industria cinematográfica hollywoodiense. Todo tenía un aspecto pintoresco, naif casi, que era acentuado por la presencia de ardillas por doquier, algún mapache y enanos de jardín. Al cabo de pocas excursiones logré despojarme de la sensación de estar en un decorado.

Empecé a percibir todo con un barniz más siniestro, quizás dado también por el hecho de que el otoño avanzaba hacia el invierno y las horas de luz eran cada vez más escasas. Muchas de las construcciones estaban en medio de zonas de vegetación sumamente frondosa y eran bastante antiguas. Estaban cuidadas, pero con una pátina de decadencia que no puedo disociar del recuerdo que conservo de esos días. Mis lecturas tampoco contribuyeron mucho a aliviar la sensación siniestra que muchas de las viviendas transmitían, de hecho, alguna de ellas, empezaba a materializarse como asociación involuntaria entre las casas sobre las que leía y las que veía alrededor mío en esos paseos. Al volver a Bilbao ya no pude dejar de pensar en aquellas casas y empecé a pintarlas.

 

 

Juana García-Pozuelo, Burnt Moon, 2011. Cortesía de la artista

 

 

P. ¿Existe algún tipo de búsqueda emocional en la elección de tu paleta de colores?

R. Por deformación profesional, como la mayoría de artistas, tengo una percepción del color muy desarrollada y distingo los matices de tonalidad con bastante precisión. Me gustan los colores saturados propios de las pantallas retro iluminadas, pero no sé si esta es una elección consciente. Hay veces que me autoimpongo restricciones respecto al color y las armonías que utilizo en los cuadros, porque tengo tendencia a olvidarme de los grises, así que de vez en cuando me obligo a realizar pinturas ciñéndome solo a ciertas gamas de colores intermedios, pero en realidad depende más de la imagen que esté pintando en ese momento, el boceto previo de lo que quiero representar en el cuadro y la adecuación de los colores al tema pictórico. Soy bastante maniática de la precisión técnica en mi trabajo (a veces pinto con una lámpara-lupa de miniaturista, hasta ahí llega mi locura) y eso se traslada también al color y la necesidad de encontrar el tono adecuado para cada pincelada.

 

 

Juana García-Pozuelo, La casa M (de misterio), 2010. Cortesía de la artista

 

 

P. ¿En qué movimiento artístico encajarías tu trabajo?

R. No lo sé. ¿Todavía existen los movimientos artísticos? No es algo en lo que haya pensado con detenimiento y por otra parte ese tipo de clasificaciones las suelen hacer otros actores del mundo del arte. Me interesa el simbolismo, el romanticismo, el surrealismo. Pero no estoy segura de poder auto-incluirme a las bravas en alguno de ellos.Hay una cosa curiosa de la Historia y es que se tienden a enseñar los periodos artísticos como parcelas de tiempo perfectamente compartimentadas, en las que una fase da paso limpiamente a la siguiente como una consecuencia ineludible de la anterior. La realidad es que todo fluye en el mismo espacio-tiempo y se interconectan y superponen muchos mundos del arte, que alternativamente, de vez en cuando, encuentran su camino hacia la superficie, para después de un tiempo, sumergirse de nuevo en la invisibilidad, lo que no quiere decir que hayan desaparecido, sino que sencillamente han pasado de moda temporalmente y que probablemente resurgirán más adelante quizás con otro nombre. De todas formas Internet y las redes sociales parece que han contribuido bastante a que se diluyan las fronteras ficticias que han existido tradicionalmente entre corrientes artísticas. Como dice David Hockney: «There are no frontiers, just art».

 

 

Juana García-Pozuelo, Control, 2010. Cortesía de la artista

 

 

P. ¿Recuerdas qué exposición, de todas las que has visitado, te ha impactado más?

R. Clara Peeters en el Museo del Prado. Tuve una catarsis (en el sentido aristotélico del término) delante de uno de los bodegones.

 

 

Juana García-Pozuelo, Onironauta, 2011. Cortesía de la artista

 

 

P. ¿A quiénes señalarías como tus referentes más directos?

R. No sé por dónde empezar. En Arte, Remedios Varo, Arnold Böcklin, Kay Sage, Gertrude Abercrombie, Meredith Frampton, Laura Krifka, Inka Essenhigh, Amy Bennett, Mabi Revuelta, Miriam Isasi, Sophie Calle, la Señora Polaroiska, Elena Goñi, Loie Hollowell, Rehan Miskci, Gala Knörr, Lara Ögel, Anna Filipóva, Jenny Morgan, Dominique Fung, Helena González Sanz, Shannon Cartier Lucy. En literatura Edith Wharton, Georges Sand, Balzac, Guy de Maupassant, Lovecraft, Thomas Mann, Roald Dahl, Vivian Gornick, Stefan Zweig, Irene Némirovsky, Michel Houellebecq, las memorias Mi último suspiro de Buñuel, La vida secreta de Salvador Dalí, el libro La conquista de lo inútil de Werner Herzog, de quien también me encantan sus películas. No sé concretar este punto. Me gustan demasiadas cosas como para poder elegir. Y además es posible que me preguntes mañana y haya cambiado o ampliado la colección de referentes. Soy una infiel.

 

 

Juana García Pozuelo, La carta revuelta (detalle), 2015. Cortesía de la artista

 

P. ¿Qué no te enseñaron en la facultad y te hubiese gustado aprender allí?

R. Hace mucho que dejé la Universidad. Afortunadamente. No me acuerdo de nada. Tengo una memoria muy floja y no soy rencorosa, lo cual es una gran ventaja a la hora de olvidar los errores y faltas del pasado. Cualquier cosa que no me hubieran enseñado en ese periodo, he tenido tiempo de aprenderlo por mi cuenta, seguramente mejor y con más interés que si me lo hubieran puesto en bandeja en alguna asignatura de la facultad.

 

 

Juana García-Pozuelo, Love Token J, 2017. Cortesía de la artista

 

 

P. ¿Cómo te preparas para trabajar?

R. Paso mucho tiempo sola. Siempre pongo música, tengo listas de reproducción aleatoria y las suelo escuchar en bucle. Generalmente es música melódica y suave, porque si me pongo algo con mucho ritmo o muy macarra tengo que levantarme y empezar a bailar hasta que acaba la canción, lo que no viene mal, porque en el estudio generalmente hace un frío que pela. A veces pongo la radio o Youtube y escucho programas de entrevistas o stand-ups de humoristas americanos. Me sirve para concentrarme en lo que estoy haciendo de una forma más mecánica. Si estoy pintando a gusto o tengo mucha presión por terminar algo, puedo estar varias horas trabajando prácticamente sin interrupción, pero lo normal es que me distraiga cada cierto tiempo y lea un poco o baje a tomar un café. En el estudio tengo una kettle y a veces me hago un té, con cuidado de usar la taza destinada específicamente para ese fin. Tengo la mala costumbre de usar el primer recipiente que tengo a mano para el aguarrás y alguna vez he estado a punto de dar un sorbo de disolvente por distracción.

Hay días que solo me dedico a dibujar garabatos, limpiar o a mirar el cuadro en blanco. Y no pasa nada. Pero cuando finalmente me saco de la cabeza una imagen que consigo abocetar y me entusiasmo con ella, trabajo y disfruto del proceso de construcción técnica del cuadro. Con sus altibajos y momentos de desesperación. Muchas veces me da la sensación de que estoy librando un combate mientras estoy pintando y siempre quiero y debo ganar. Con el tiempo he aprendido a mantener la calma, relativizar cuando algo no sale como quiero y abrazar la incertidumbre. Tengo una paciencia a prueba de bomba.

 

 

Juana García-Pozuelo, Wait for me there, 2010. Cortesía de la artista

 

 

P. ¿Qué importancia crees que tiene el Guggenheim en el contexto artístico de Bilbao?

R. La cantidad de exposiciones que hacen y que te permiten disfrutar de obras que de otra manera no puedes ver o descubrir en directo si no te desplazas a otros sitios para verlas. También da trabajo en terrenos tangentes al arte a muchos artistas del contexto de Euskadi, a través de programas educativos, montaje de exposiciones y conferencias. Hay en Bilbao más gente aficionada al arte de lo que puede parecer a primera vista y el Guggenheim ha contribuido a que personas que antes no se acercaban a una exposición, desarrollen un interés por el arte, aunque en ocasiones solo sea para decir que no entienden nada, o que no les gusta lo que ven.

 

 

Juana García-Pozuelo, Winter Sun, 2012. Cortesía de la artista

 

 

P. ¿Cuál crees que es la mejor estrategia para combatir el machismo en el ámbito artístico?

R. Que las mujeres sigamos trabajando, produciendo e insistiendo en la representación que nos merecemos como artistas de pleno derecho en todos los ámbitos del arte. Olvidar a la mitad de la población en las colecciones de los museos y en las galerías, es una falta de educación y un menosprecio a la fuerza intelectual y creadora de las mujeres.

 

 

Juana García-Pozuelo, Hades y Persephone, 2004. Cortesía de la artista

 

 

P. ¿Cómo valoras tu relación con el mercado del arte?

R. Escasa. Tengo representación en una galería de Bilbao, Espacio Marzana, que de vez en cuando me da una alegría y vende algún cuadro. Pero es lo más parecido a encontrar un unicornio (o una luciérnaga).

 

 

Juana García-Pozuelo, Fin de fiesta. Cortesía de la artista

 

 

P. ¿En qué estás trabajando ahora?

R. Acabo de volver de una residencia en la Cité Internationale des Arts de Paris, que he podido realizar gracias al apoyo del Institut Français y a Bilbaoarte. Allí he estado trabajando sobre el Musée de la Vie Romantique y la colección de objetos personales de Georges Sand que está depositada en ese museo. Estoy muy contenta con la gente que he conocido y de la experiencia que ha supuesto pasar un tiempo en París y disfrutar de su ambiente cultural. Ha sido muy estimulante. Mi objetivo en este momento es no perder ese ritmo de trabajo, terminar una pintura que comencé allí y desarrollar unos cuadros nuevos a partir de alguno de los bocetos que he podido hacer durante la residencia.

 

 

Puedes ver otras obras de Juana García-Pozuelo en su página web y en su perfil de Instagram.

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Crítica de arte contemporáneo y escritora. Es autora de las novelas 'Crítica del vicio' (2016) y 'Coito Ergo Sum' (2019), ambas publicadas por La Marca Negra Ediciones.