Seleka: “En mi obra necesito que haya elementos que no funcionen, que rompan la armonía”

María von Touceda Por María von Touceda
19 Min lectura
El artista y galerista nos habla de su proceso creativo

Observar lo que te rodea puede ser un aprendizaje tan o más importante que la Universidad, algo para lo que no todos están preparados y que no siempre logra sacar sus frutos.

En el caso de Seleka Muñoz (Sevilla, 1982) ser autodidacta le ha funcionado para ser uno de los uno de los pioneros del grafiti en Andalucía y es también uno de sus máximos exponentes a nivel internacional, pero su trabajo no acaba en los muros. El artista también realiza lienzos al óleo y otros formatos y técnicas que entran dentro del circuito de las galerías.

Además, es agitador cultural, comisario, galerista. Codirector junto a Laura Calvarro de Delimbo, galería pionera en exponer arte urbano en España.

Las obras de Seleka tienen una gran fuerza, tanto en el gesto como en el cromatismo. Un estilo que ha evolucionado orgánicamente de los muros al lienzo y que funciona en diferentes formatos.

Sus grafitis han podido verse en toda España, y en algunas ciudades de Francia, Inglaterra, Portugal, Italia, Estados Unidos, Marruecos. También ha expuesto en galerías nacionales e internacionales como la Mirus Gallery en San Francisco, entre muchas otras.

Seleka acusa un estilo colorista, que tiende a la abstracción, basado en las emociones, vivencias y diferentes contextos en los que se ha inspirado.

 

 

 

Seleka Muñoz, Paisaje de Oaxaca, 2019. Cortesía del artista

 

 

 

P. Comenzaste a pintar en la calle a los 10 años, ¿qué fue lo que te llamó la atención para tomar esa decisión?

R. Cuando era pequeño mi barrio era uno de los epicentros del grafiti de Sevilla, había bastantes hall of fames, los cuales además estaban en su mayoría en descampados. Visto con perspectiva, los descampados tenían algo de sagrado, allí te relacionabas de un modo similar a como podías hacerlo en el campo, pero dentro de la ciudad; estábamos los niños y adolescentes, los yonkis, ladrones y demás fauna urbana. Eran no lugares donde desfogar, podías jugar sin que te viesen los mayores, había libertad y había peligro, y justo allí estaban esos grafitis impactantes de gente como Pse, Logan, Look, Most y muchos más referentes de la época. Además, mi hermana y sus amigas hacían tags en sus carpetas del cole y una de sus amigas me enseñó a poner mi nombre “en grafiti”. Básicamente era una moda que coincidió con un auge en lo relativo al hip hop, y hacer grafiti, por encima de todo, era muy guay.

 

 

 

Seleka Muñoz, Biribirloque 2, 2020. Cortesía del artista

 

 

 

P. ¿Crees que el grafiti es una de las mejores escuelas para los artistas?

R. A ver, sí y no. El primer problema que encontré cuando quise sacar lo que intuía que tenía dentro, más allá de lo que hacía en muros, era el poder huir de las letras y los recursos y elementos puramente estéticos de los códigos del grafiti. Había cierto amaneramiento o constreñimiento en mi trabajo por esta causa, siempre sentí que, por un lado, éstos tienen sentido en la calle, pero son difíciles de aplicar sin caer en la caricatura dentro del ámbito expositivo. Por otro lado, bajo mi punto de vista los únicos artistas que tienen derecho a usar estos códigos dentro del espacio expositivo son aquellos que los inventaron, véase Dondi, Blade, Seen… A partir de ahí prefería buscar dentro del lado abstracto que tiene el grafiti, y casi sin darme cuenta a día de hoy me interesa más la pintura que el propio grafiti. Ahora bien, la gente que he encontrado a lo largo del camino, gracias al grafiti y que han seguido siendo mis amigos, son gente que me lo ha dado todo y a la que no tengo más que agradecer. La mayoría de nosotros venimos de hogares donde el arte no tenía la más mínima importancia, y es gracias al grafiti que me convertí en apasionado del arte. Por encima de todo considero que el grafiti nos dio curiosidad y ganas de aprender, y nos enseñó a ser disciplinados y productivos.

 

 

 

Seleka Muñoz, Fruta de la pasión, 2020. Cortesía del artista

 

 

 

P. ¿Cómo has vivido el proceso que te ha llevado de pintar en la calle a la galería?

R. Pues de un modo totalmente orgánico. Hoy por hoy la pintura de estudio la siento como cuando descubrí el grafiti de pequeño. Piensa que soy autodidacta y cada cosa nueva que aprendo la quiero exprimir hasta el límite. Disfruto muchísimo en mi estudio, y además tengo el plus de la soledad. Me llena de vida el poder experimentar con diferentes soportes o materiales de un modo que en la calle por diferentes razones no te puedes permitir. También es un proceso más premeditado. Aunque cuando ves mis pinturas parecen muy espontáneas, casi todas mis series tienen un gran trabajo reflexivo detrás o incluso las que no he diseñado previamente tienen muchas horas, días o semanas de reposo y meditación durante el propio proceso. En cambio, en la calle el proceso es más inmediato, y mi método de trabajo es prácticamente un todo vale. En el estudio borro mucho, dejo muchas piezas sin terminar a la espera de ser retomadas para cogerlas con otra energía y busco otro tipo de equilibrios.

 

 

 

Seleka Muñoz, Fruta de otoño, 2020. Cortesía del artista

 

 

 

P. ¿Qué hay de espiritual en tu abstracción?

R. Es cierto que cuando realizo las obras estoy más concentrado y conectado con lo espiritual que con lo físico y tangible. Ahora bien, si eso se transmite depende principalmente del receptor. No sé si puedo decir tanto del resultado en sí, debería decirlo un crítico. En el proceso busco ahondar en mi lado más irracional, combinándolo con mi yo más reflexivo, para crear diferentes ritmos dentro de la pintura. Tras un tiempo dejándome llevar por los primeros impulsos, en mis últimas obras estoy tratando de combinar diferentes estados, quiero que en una misma obra encuentres partes hechas desde la conciencia y la razón que equilibren a aquellas hechas desde la conexión con un yo quizás más primitivo y salvaje.

 

 

 

Seleka Muñoz, Ciudad de México, 2019. Cortesía del artista

 

 

 

 

P. ¿Hay alguna búsqueda emocional o simbólica en la elección de tu gama cromática?

R. A veces sí y a veces no. A veces la inspiración viene dada por un viaje, por los colores que encuentro en un sitio, por el paisaje, la arquitectura o por la comida, es este caso casi seguro tengo asociadas unas imágenes a unos colores (por ejemplo, la serie de la expo Fruta del tiempo está basada en un viaje a México y en mi tierra, Andalucía). En otras series trabajo de un modo casi automático (La serie Macedonia Glitch por ejemplo) y todo se sucede en el mismo instante en que estoy pintando, así que los colores van apareciendo de modo espontáneo y consecutivo. De hecho, por encima de todo trabajo, buscando y encontrando bajo el influjo de la contingencia, el birlibirloque y la serendipia.

 

 

 

Seleka Muñoz, Lo que veo, 2020. Cortesía del artista

 

 

 

P. ¿Qué es para ti la belleza y dónde crees que reside?

R. A ver cómo traduzco mi sensación a palabras. En lo relativo a los artístico suelo encontrar la belleza en una falta de equilibrio bien dispuesta, en la singularidad, en la delicadeza de la ejecución, en lo inesperado, ese algo roto, el error que te impregna de algo que no sabes muy bien que es, pero te atrae. En mi obra necesito que haya elementos que a priori no funcionen, que chirríen, que rompan la armonía para encontrarla por medio de lo inesperado. Si en mi proceso de trabajo veo que todo está quedando muy bonito o simétrico, de una belleza vulgar bajo mi criterio, necesito romperlo y ensuciarlo para poder seguir construyendo. Igualmente, también encuentro la belleza en los grandes clásicos. A veces pienso que ellos reflejaron la belleza de un modo que no podremos siquiera rozar, y es por eso que buscamos otro tipo de belleza, porque sabemos que no podremos conseguir reflejarla como ellos lo hicieron, fruto también de su tiempo. Nosotros reflejamos la belleza que nos toca reflejar.

 

 

 

Seleka Muñoz, Fruta fermentada #3, 2019. Cortesía del artista

 

 

 

P. ¿Sigues alguna rutina para trabajar?

R. Debido a la situación actual, mi proceso ha variado sobre todo en lo que a horarios se refiere. En mi mundo ideal, me gusta llegar al estudio después de comer, si es para trabajar en algo físico me pongo algo de rap, o electrónica, y me pongo a preparar telas, u ordenar un poco el desastre de los días anteriores. Si ese día toca pintura, necesito ponerme música que no me altere, ya que si no sin darme cuenta acabo pintando muy rápido o destrozando cosas que ya tenían un camino marcado, soy muy sensible a la música y el ruido. Pondría algo de jazz, pop electrónico, trip hop, discos de rap más tranquilos, o un podcast, y entonces comienzo a “calentar” pintando unos papeles, dando manchas o terminando algún papel que ya tenga empezado. Juego un rato, y ya me siento bien para ponerme a trabajar en algún formato mayor. Para pintar un formato grande necesito encontrarme pleno de energía, si no lo estoy me pongo a otros menesteres, plantear cosas o tocar alguna obra menor, pero si pinto no hago nada que vaya a ser definitivo. También, como trabajo con óleo esto juega un papel muy importante en el proceso. Hay veces que por más claro que tengo como quiero continuar o finalizar una pintura tengo que esperar a que seque, es por esto que siempre hago varias pinturas al mismo tiempo. Es lo que hace único al proceso de pintar con óleo, que juega contra la lógica capitalista del “lo quiero, y lo quiero ahora”. Y por encima de todo necesito estar solo, no puedo trabajar con gente alrededor.

 

 

 

Seleka Muñoz, Oaxaca, 2019. Cortesía del artista

 

 

 

P. ¿A quiénes señalarías como tus principales referentes?

R. Pues esto es infinito. Primero nombraría amigos que me han influido, Rubén Guerrero, Rorro Berjano, Axel Void, Ana Barriga, Sixe Paredes, Felipe Pantone, Matías Sánchez, Cristina Lama, Daniel Muñoz, Demsky, Roice 183, Louis Lambert, Remed, Nano4814, J. Erosie, Momo, y un larguísimo etc, y de pintores de ayer y hoy que me vuelven loco diría Philip Guston, Eddie Martinez, Jonathan Lasker, Jannis Varelas, Amy Sillman, Albert Oehlen, Tal R, Abraham Lacalle, Jorge Galindo, Danny Fox, Katharina Grosse…

 

 

 

Seleka Muñoz, Paisaje de Andalucía, 2020. Cortesía del artista

 

 

 

P. ¿Recuerdas qué exposición, de todas las que has visitado, te han impactado más?

R. Quizás los recuerdos de mayor impacto que tengo son respecto a obras puntuales, como cuando vi por vez primera en directo un Willem de Kooning en el Stedelijk, o el shock de ver las obras de Frida en directo y ver el tamaño tan pequeño con tanto contenido, también me gustó mucho la expo de Marcel Dzama en la Casa Encendida, y por supuestísimo tengo como visita recurrente el Guernica en el Reina Sofía y El jardín de las delicias de El Bosco en el Prado.

 

 

 

Seleka Muñoz, Untitled, 2020. Cortesía del artista

 

 

 

 

P. Si sólo pudieses comprar una obra de un artista coetáneo, ¿de quién sería?

R. De Eddie Martínez, cualquiera de hace unos años.

 

 

 

Seleka Muñoz, Andalusiatropical, 2019. Cortesía del artista

 

 

 

 

P. ¿Qué opinión te merece el uso de las redes sociales en el ámbito artístico?

R. Me parece maravilloso que se rompan las jerarquías y que personas que viven alejadas de los núcleos de poder (geográficamente o por convicciones) puedan hacer carrera gracias a que tienen gente que les sigue y apoya. Además, como ser creativo, no solo como artista, tienes muchas formas de ganarte la vida decentemente con una buena idea o trabajo. Son maravillosas para difundir tu trabajo y conectarte con otros artistas, comisarios, galerías y hasta coleccionistas o compradores. En lo negativo, se está tendiendo a la infantilización y banalización del hecho artístico. Artistas “del like” tienen cientos de miles de seguidores, y un pringao como yo tiene casi los mismos seguidores que Fucking Peter Halley. Pero lo único cierto es que las redes han llegado para quedarse.

 

 

 

Seleka Muñoz, Fruta de la pasión, 2019. Cortesía del artista

 

 

 

 

P. ¿Cómo ves el panorama artístico en Sevilla?

R. Cada vez mejor. Si hablamos de panorama artístico, somos legión, y hay muchas personas desarrollando trabajos increíbles. Solo falta mayor apoyo institucional y privado para que no solo unos cuantos vivamos decentemente de nuestro trabajo. Si en Sevilla englobamos a gente que orbita alrededor de la escena sevillana, aunque no sean de aquí o no tengan su estudio en la capital, puedo nombrarte más de cien personas con trabajos muy personales y defendibles dentro del mundo del arte más serio.

 

 

 

Seleka Muñoz, exposición Fruta del tiempo, 2020. Mirus Gallery, San Francisco. Vista de la instalación. Cortesía del artista

 

 

 

 

P. ¿Cuál crees que es la mejor estrategia para combatir el machismo en el mundo del arte?

R. Predicar con el ejemplo, actuar del modo más justo posible dentro de tus posibilidades, y nunca apoyando ni dando pie a los machistas.

 

 

 

Seleka Muñoz, exposición Fruta del tiempo, 2020. Mirus Gallery, San Francisco. Vista de la instalación. Cortesía del artista

 

 

 

 

P. ¿Cómo valoras tu relación con el mercado artístico?

R. La verdad es que por el momento estoy teniendo muy buenas experiencias en este sentido. Mi obra está en almacenes rodeada de los artistas que admiro y también está en salones de casa de familias que conviven cada día con mi trabajo. Gracias al cosmos mi trabajo ha conectado con coleccionistas serios, con alguna que otra institución, y con personas que simplemente quieren decorar su casa, lo cual me parece maravilloso.

 

 

 

Seleka Muñoz, exposición Fruta del tiempo, 2020. Mirus Gallery, San Francisco. Vista de la instalación. Cortesía del artista

 

 

 

 

P. ¿En qué estás trabajando ahora?

R. Pues en junio hago un pop up en Londres de obra sobre papel con la gente de City of Talents en la The Waluso Gallery, estoy cerrando algún otro posible proyecto internacional, y sobre todo estoy centrado en unas nuevas series de pinturas que espero compartir pronto.

 

 

Puedes ver otras obras de Seleka Muñoz en su perfil de Instagram.

Compartir este artículo
Seguir:
Crítica de arte contemporáneo y escritora. Es autora de las novelas 'Crítica del vicio' (2016) y 'Coito Ergo Sum' (2019), ambas publicadas por La Marca Negra Ediciones.