Cincuenta años del inicio de la teoría del arte con perspectiva de género

Miriam Varela Por Miriam Varela
14 Min lectura
El texto de Linda Nochlin, ‘Por qué no ha habido grandes mujeres artistas?’, se publicó por primera vez en 1971

Llega septiembre y con él el inicio del curso escolar. Nuevamente en la mayoría de las aulas y en los libros de texto habrá una gran ausencia, la de las artistas. Pero ¿por qué no ha habido grandes mujeres artistas?

Aprovechamos el cincuenta aniversario del texto de la historiadora del arte Linda Nochlin (Brooklyn, Nueva York, 1931) y la traducción por primera vez al castellano gracias a la editorial Akal, en el volumen Situar en la Historia Mujeres, arte y sociedad (2020), para recordar cuales son las verdaderas respuestas para esta gran pregunta. La antología recoge parte de su producción de los años sententa a la década de noventa, y se combinan ensayos, textos dedicados a Courbet y otros monográficos.

Hablar de artistas, agrandando esa «a» para recalcar el femenino, no ha sido tarea fácil. Fueron borradas y ninguneadas por los «grandes pilares» de las teorías e historias del arte que se construyeron en el siglo XIX, época en que nacía la imagen de la mujer como «el ángel del hogar», losa que todavía hoy estamos intentando reventar. Era aceptable que las mujeres no tuvieran otros ejemplos a seguir, y se centraran en las tareas domésticas, el amor y dedicación a su familia. Ni a la pintura, ni a nada. Nada que supusiera una implicación más allá del hobby por distracción.

Hablar de artistas, pues, ha requerido indagar e investigar para sacarlas a la luz pero también darle muchas vueltas al por qué. ¿Por qué no contamos con unas grandes referentes en la Historia del Arte?

Así es como nace el artículo de Linda Nochlin, «¿Por qué no ha habido grandes mujeres artistas?», publicado en 1971 en la prestigiosa ARTnews, revista de arte con sede en Nueva York, cuya primera publicación data de 1902. Así es como nace también la teoría del arte feminista, una teoría del arte con perspectiva de género.

 

 

«El problema no está en nuestros astros, nuestras hormonas o nuestros ciclos menstruales, ni en nuestros espacios interiores vacíos sino en nuestras instituciones y en nuestra educación», escribió Nochlin.

 

 

La respuesta trampa

 

La primera respuesta, la respuesta fácil en la que caemos cuando nos plantean o nos planteamos esta pregunta es la de «la lista». Sacar a la luz y mencionar ejemplos históricos de mujeres que sí pudieron conseguir reconocimiento en el panorama artístico de su época.

Hubo mujeres reconocidas y apreciadas por los intelectuales, las familias reales, la nobleza, las academias a lo largo de toda la historia del arte como Artemisia Gentileschi, Rosalba Carriera o Angelika Kauffmann, por citar solo unos ejemplos. También hubo grandes artistas infravaloradas y ninguneadas que hoy en día conocemos y reconocemos. Pero este no es el camino.

 

 

Si caemos en la trampa de la pregunta, si caemos en la respuesta fácil, si caemos en «la lista» estamos corroborando una gran mentira: «no hubo grandes mujeres artistas porque las mujeres no han sido tan buenas artistas como los hombres».

 

 

Si caemos en la trampa de la pregunta, si caemos en la respuesta fácil, si caemos en «la lista» estamos corroborando una gran mentira: «no hubo grandes mujeres artistas porque las mujeres no han sido tan buenas artistas como los hombres».

Lo explicamos con un ejemplo: si existió Sofonisba Anguissola en el Renacimiento, podrían haber existido muchas otras artistas que alcanzaran su mismo reconocimiento (al igual que contamos con muchos maestros), pero si no las hay, es que en realidad el número de mujeres que contaban con “el don del arte” era inferior al de los hombres. Si hubo una y no hubo más, por algo será.

Hemos caído en la trampa: si algunas mujeres han podido alcanzar el mismo estatus que los hombres, no es un problema social, es un problema del resto de mujeres que no han llegado hasta ahí.

Esto sabemos que no es real. La conclusión la expresa de forma clara Linda Nochlin: «El problema no está en nuestros astros, nuestras hormonas o nuestros ciclos menstruales, ni en nuestros espacios interiores vacíos sino en nuestras instituciones y en nuestra educación».

 

 

 

Lavinia Fontana, Retrato de Antonietta Gonsalvus, 1575. 57 x 46 cm. Musée des Beaux-Arts de Blois. Dominio público

 

 

 

Un problema social

 

No podemos, ni debemos, permitir que el peso de la responsabilidad recaiga en los hombros de aquellas que no tuvieron la oportunidad de desarrollar su potencial. Entonces, ¿por qué no ha habido grandes mujeres artistas?

La respuesta está en la sociedad y no en el género. Socialmente ha sido imposible para la mujer alcanzar la excelencia artística al mismo nivel que el hombre.

La profesión de artista, al principio poco valorado y vista como meros artesanos y posteriormente encumbrada casi a la categoría de deidad como una especie de seres místicos e intocable; está íntimamente relacionada con los gremios, los talleres y, posteriormente, las academias de arte. Lugares en los que las mujeres no fueron acogidas. La sociedad tenía otro papel específico para ellas. Las mujeres cuidaban, ayudaban y trabajaban en asuntos menores.

Las exigencias y las expectativas de clase para ellas dejaban fuera toda posibilidad de dedicación exclusiva a las artes como oficio.

 

 

«El arte no es una actividad autónoma y libre de un individuo superdotado “influenciado” por artistas anteriores sino que la creación artística tiene lugar dentro de una situación social, es un elemento integral de esta estructura social y viene mediada y determinada por instituciones sociales específicas y definibles, ya sean academias de arte o sistemas de mecenazgo», escribe Linda Nochlin.

 

 

A pesar de que la mitológica figura del «genio» nos sigue en pleno siglo XXI encandilando (y generando mucho capital alrededor de monografías, exposiciones y películas que giran en torno a esas figuras místicas) genio no se nace. Se tienen aptitudes y si se trabaja se desarrollan.

¿Cuántos Miguel Ángel habrán nacido en la estepa, en medio de una guerra, o en una familia neoliberal cero interesada en las humanidades?

En femenino, la pregunta es todavía más simple. ¿A cuántas Miguel Ángel no les han prestado atención aunque nacieran en el centro de Roma en pleno siglo XVI? Aun naciendo en el mismo lugar, en el mismo año e incluso en la misma casa, cuantas posibilidades había de que a una niña se la liberara de todas sus responsabilidades sociales para permitirle el tiempo necesario para el desarrollo de sus habilidades. Si es que se llegaba a prestaba atención a ellas.

 

 

 

Rosalba Carriera, Retrato de la condesa Anna Katharina Orzelska, 1730. 64 x 51 cm. Dominio público

 

 

 

Un problema institucional

 

Si desde un punto de vista social, las mujeres han contado con menos oportunidades para desarrollarse profesionalmente, institucionalmente podemos afirmar que pasaba lo mismo. En el momento que una mujer conseguía destacar y entrar, a duras penas, en el ámbito profesional del arte, no le esperaba un recorrido de igualdad de oportunidades.

Desde el siglo XVI hasta el impresionismo, el plasmar la figura humana de una forma realista era crucial, y para ello no quedaba más remedio que recurrir al estudio del natural. El estudio de modelos desnudos (masculinos ya que los modelos femeninos no estuvieron permitidos en las academias hasta bien entrado el siglo XIX) era necesario para conocer la anatomía y plasmarla a la perfección en los grandes cuadros mitológicos o históricos que daban el caché a los artistas.

 

 

Si no se pintaban grandes temas no se ganaban los premios en los concursos. Si no se ganaban los premios en los Salones no se llegaba a ser un pintor de renombre, si no se llegaba a ser un pintor de renombre no se conseguían encargos con los que salir adelante. El ciclo de la vida.

 

 

Estos estudios estaban completamente vetados para las pocas creadoras que llegaban a formarse en los talleres o en las academias. Lo que deriva en dos problemas: primero que carecían de estudios que les permitieran evolucionar y el segundo que les recluía en temas considerados menores como el bodegón para los que no necesitaban esa «experiencia pecaminosa» del modelo desnudo.

Si no se pintaban grandes temas no se ganaban los premios en los concursos. Si no se ganaban los premios en los Salones no se llegaba a ser un pintor de renombre, si no se llegaba a ser un pintor de renombre no se conseguían encargos con los que salir adelante. El ciclo de la vida.

Así muchas artistas sin tiempo para practicar, sin estudios para mejorar o sin encargos para vivir se quedaban en el plano «amateur» del arte. Lo que para los hombres era un trabajo para muchas mujeres solo podía ser la distracción con la que entretenerse para no pensar en los problemas diarios.

 

 

 

Sofonisba Anguissola, Lucia, Minerva y Europa Anguissola jugando al ajedrez, 1555. 72 x 97 cm. Muzeum Narodowe (Museo Nacional), Poznan, Polonia. Dominio público

 

 

 

La pregunta que se expande

 

«Incluso una simple pregunta como “¿Por qué no ha habido grandes artistas mujeres?”. Si se responde adecuadamente, puede crear una especie de reacción en cadena, expandiéndose no solo para abarcar los supuestos aceptados del campo único, sino hacia afuera para abarcar la historia y las ciencias sociales, o incluso la psicología y la literatura, y por lo tanto, desde el principio, cuestione la suposición de que las divisiones tradicionales de la investigación intelectual siguen siendo adecuadas para abordar las cuestiones significativas de nuestro tiempo, en lugar de las meramente convenientes o autogeneradas», observó Nochlin en 1971.

Podemos ver con estas pinceladas que la preguntita no es fácil de contestar. Debemos derrocar lo que la autora llama «punto de vista del varón occidental blanco, aceptado como “el” punto de vista del historiador del arte», y asumir que esta forma de mirar no es la adecuada.

 

 

Es necesario analizar el arte desde un punto de vista social para poder buscar más allá de la mera existencia de ciertas obras, o ciertos artistas, e indagar en las raíces sociales del problema para encontrar la respuesta.

 

 

Es necesario analizar el arte desde un punto de vista social para poder buscar más allá de la mera existencia de ciertas obras, o ciertos artistas, e indagar en las raíces sociales del problema para encontrar la respuesta.

La pregunta de «¿Por qué no ha habido grandes mujeres artistas» se agita como una reacción en cadena y nos revela las verdaderas causas de esta falta de conocimiento y de relevancia que se pueden resumir de una forma simple en: porque no las han dejado existir. Después de cincuenta años sabiendo la respuesta es hora de preguntarnos si realmente hemos hecho los deberes.

Podemos consultar el texto completo de la autora junto con una recopilación de sus mejores artículos en el libro Situar en la Historia Mujeres, arte y sociedad. Esta edición de la editorial Akal con textos inéditos en castellano corre a cargo de la profesora Isabel Valverde, dentro de su colección Arte y estética dirigida por Juan Sureda.

 

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Divulgadora cultural. Licenciada en Historia del Arte por la USC, máster en Escritura Creativa en Hotel Kafka. Cofundadora y coordinadora en La Roldana Plataforma.