La escritora e historiadora Edurne Portela nos habla de ‘Maddi y las fronteras’, novela en la que recupera a través de documentos y archivos la figura de María Josefa Sansberro
Maddi y las fronteras es la nueva novela de la escritora vasca Edurne Portela (Santurtzi, 1974). En ella, la ganadora del Premio Euskadi de Literatura en castellano 2022 rescata la memoria de María Josefa Sansberro (Oyarzun, 1895–Sachsenhausen, 1944).
Conocida como Maddi, nació en Oiartzun en 1895 y regentó un hotel durante los años treinta en Larrún, en la frontera entre España y Francia. Maddi fue una mujer singular, repleta de contradicciones y que supo mucho sobre traspasar fronteras.
Fronteras físicas y morales. Contrabandista y mugalari, católica devota y divorciada, no tuvo hijos, pero fue madre, sirvió a los nazis y fue agente de la resistencia francesa.
Una mujer especial que llegó a la vida de Portela a través de una forma muy especial y novelesca. Una llamada le ofreció poner a su disposición unos documentos históricos relacionados con Maddi para que ella reconstruyera su voz y rescatara su historia.
Edurne Portela aceptó el reto de ponerse en la piel de Maddi y acompañarla a lo largo de estas necesarias páginas. De todo esto hablamos con la autora.
P. En alguna entrevista has afirmado que para ti escribir es un acto político de compromiso personal y que publicar es tomar postura y partido. ¿Sucede igual con la lectura?
R. La lectura, como la escritura, es un proceso íntimo, entre el texto y quien lo escribe (la escritura) o quien lo lee (la lectura). Un diálogo que no tiene testigos y por lo tanto no tiene la dimensión pública de publicar (valga la redundancia). Es decir, una no toma postura y partido públicamente, no se expone, al leer.
En este sentido, no podría decir que sucede lo mismo con la escritura pública y con la lectura. Lo que sí creo es que leer es un acto político de compromiso personal. La lectura implica una dedicación, un tiempo de vida que entregamos a esa actividad porque nos nutre y nos entretiene.
También porque buscamos en la literatura herramientas para entendernos a nosotras mismas y también para entender el mundo en el que vivimos. Leer puede ser un acto político porque nos forma y nos ayuda a entender nuestra dimensión pública, es decir, política. Nos proporciona herramientas críticas, agudiza nuestra mirada y nuestra comprensión de la realidad. Nos convierte en personas más conscientes, más entrenadas para “leer” el mundo y, en la medida de nuestras posibilidades, tener una incidencia en él.
Leer nos proporciona herramientas críticas, agudiza nuestra mirada y nuestra comprensión de la realidad.
P. María Josefa Sansberro llegó a tu vida de una forma absolutamente novelesca.
R. Tanto es así que hay gente que piensa que lo que cuento en el epílogo de Maddi y las fronteras es parte de la ficción. Pero todo lo que digo ahí es verdad.
Al principio, Izarraitz Villaluce y Joxemari Mitxelena me regalaron un archivo con las pesquisas que habían hecho sobre esta mujer durante más de seis años. Me dijeron que hiciera con él lo que considerara oportuno, que contara la historia de Maddi como quisiera, pero que la contara.
Con cada documento del archivo me preguntaba qué había detrás de los datos que ahí se registraban.
P. Eres escritora e historiadora de formación. ¿Por qué elegiste la perspectiva literaria frente a la histórica para contar la historia de Maddi? ¿Cómo decidiste la voz narrativa?
R. La verdad es que nunca me he considerado historiadora y nunca he escrito un libro de historia siguiendo los parámetros de esa disciplina académica. Por tanto, ni siquiera me lo planteé. Sí pensé escribir una biografía con los datos que tenía, pero el impulso de la imaginación fue más fuerte.
Con cada documento del archivo me preguntaba qué había detrás de los datos que ahí se registraban. Cómo podía ser la mujer que tomó decisiones tan arriesgadas y controvertidas. Cómo pensaría y sentiría.
Me hacía preguntas que me llevaban a imaginar su subjetividad y, para entrar ahí, la única forma honesta era a través de la ficción. Una decisión llevó a la otra. La primera persona era la forma más rica y que más posibilidades me daba de acercarme a su experiencia, de ponerme en su piel. Reconociendo siempre que era imposible hacerlo.
Ha sido una experiencia de escritura muy diferente a todo lo que había escrito hasta el momento.
P. ¿Sentiste el peso de la responsabilidad al dar voz a Maddi, al rellenar con tu imaginación todos los huecos que hay en la documentación que a ti te llega?
R. Claro. ¿Cómo no sentirlo? Era muy consciente de que la gente que me leyera la iba a conocer a través de mí, de mi imaginación y de mi perspectiva. Porque no hay otras versiones publicadas o conocidas de la vida de Maddi. Escribí intentando no olvidar que María Josefa Sansberro fue una mujer de carne y hueso.
Que el objetivo del libro era reivindicar su figura, hacerla conocida para quien quisiera conocerla. Escribí con el mayor respeto posible hacia su memoria. Usando mi imaginación siempre a partir de lo que sabemos de ella, de lo que nos cuentan los documentos y los pocos testimonios que quedaron. Ha sido una experiencia de escritura muy diferente a todo lo que había escrito hasta el momento.
Nos interesan vidas como las de Maddi porque tenemos sed de ellas, queremos conocer sus existencias, crear una genealogía histórica.
P. Memoria, historia y violencia. ¿Podríamos decir que son temas siempre presentes en tu obra?
R. Sí. Eso sí me queda de mi formación como historiadora, mi comprensión del presente se nutre del conocimiento del pasado. También siempre me ha interesado el espacio de intersección entre memoria personal e historia colectiva. Y cuando tienes una preocupación por el pasado es inevitable no contemplar e indagar en la violencia que hay en él.
Nada de lo que hizo correspondía con los roles asignados a las mujeres de su época.
P. Maddi es un personaje literario e histórico atípico. No fue la única mugalari, tenemos el caso de Kattalin Agirre, por ejemplo. Pero en Maddi se suman muchas cuestiones: mujer, católica, divorciada, contrabandista, mugalari, miembro de la resistencia, pasajera del tren fantasma a Dachau. ¿Estaríamos hablando de Maddi si hubiera sido un hombre?
R. Igual a ti y a mí nos habría interesado menos la historia de un hombre que hubiera hecho las mismas actividades que Maddi. Porque tal vez habríamos pensado que hemos conocido ya personajes como él. Lo que nos llama la atención (y aquí hablo de un plural más amplio) es que una mujer hiciera todo lo que ella hizo. Porque nada de lo que hizo correspondía con los roles asignados a las mujeres de su época. También interesa tener acceso a un registro en el archivo de una mujer trabajadora como ella.
Normalmente las vidas de mujeres anónimas y de clase trabajadora no entran a formar parte del archivo histórico. Esas vidas no interesaban a los señores que decidían qué merecía la pena preservar y qué no, lo importante para el registro histórico y lo prescindible.
Quienes indagaban en los archivos para construir la narración histórica tampoco prestaban atención a esas vidas si es que alguna de ellas estaba allí registrada. Creo que nos interesan vidas como las de Maddi porque tenemos sed de ellas, queremos conocer sus existencias, crear una genealogía histórica.
Normalmente las vidas de mujeres anónimas y de clase trabajadora no entran a formar parte del archivo histórico.
P. ¿Cuánto hay en Maddi de las mujeres de tu familia y entorno, de aquellas mujeres vascas de tu infancia?
R. Para imaginar a Maddi me acordé mucho de mi abuela materna, también una mujer trabajadora, más o menos de su generación. Empezó a vender pescado en la calle siendo niña y que aprendió sola a leer y escribir. Tenía una inteligencia natural deslumbrante. Y un genio de mil demonios.
Me acordé de ella y de su lenguaje. De su forma de hablar y de concebir las cosas cotidianas, desde cómo hacer bien las camas a cómo insultar con propiedad. Cómo rezaba, su peculiar forma de entender la religiosidad, con devoción, pero sin beatería. Mujeres que sufrieron y lucharon mucho, endurecidas por la vida y las circunstancias.
Sentía reacciones físicas muy fuertes durante el proceso de escritura, días de sentirme enferma, insomne…
P. El cuerpo y el dolor, el sufrimiento físico y emocional, están muy presentes en la novela. ¿Cómo gestionaste esto a la hora de escribir? ¿Te afectó?
R. Muchísimo. Nunca he sentido de forma tan real y directa eso de “escribir con el cuerpo”. Sentía reacciones físicas muy fuertes durante el proceso de escritura, días de sentirme enferma, insomne… No sé, se me hace difícil elaborarlo. Pero sí, me afectó mucho. El final me dejó realmente mal y por eso también sentí necesidad de escribir el epílogo. Para no quedarme ahí y tampoco dejar ahí a las lectoras.
Cuanto más reconozcamos las continuidades mejor sabremos entender el mundo en el que vivimos.
P. ¿Hay que recordar el pasado aunque duela o precisamente porque duele?
R. Aunque duela y porque duele, las dos cosas. Porque además el pasado no simplemente se recuerda, el pasado es presente. Lo que vivimos hoy forma parte de un continuum y no podemos pretender que el pasado es un compartimento estanco que no nos afecta. Está presente y es presente. Solo hace falta ver el panorama político contemporáneo para darnos cuenta de que eso es una realidad. Y cuanto más reconozcamos las continuidades mejor sabremos entender el mundo en el que vivimos.
No podemos pretender que el pasado es un compartimento estanco que no nos afecta. Está presente y es presente.
P. Queda patente que Maddi fue una mujer excepcional. ¿Qué es lo que más te gusta de ella?
R. Su valentía. Su capacidad para entender lo que era necesario hacer en el momento histórico en el que le tocó vivir. Y hacerlo.
Edurne Portela, Maddi y las fronteras, 2023. Galaxia Gutenberg. 248 páginas. 17,57 €